ENGLISH
Give to God What Belongs to God In today’s Gospel, some people try to trap Jesus with a difficult question about paying taxes to Caesar. Jesus answers them beautifully: “Then repay to Caesar what belongs to Caesar and to God what belongs to God.” Today, let us reflect on one simple question: We give so many things to the world, but have we given our hearts to God? Every day, we give our time to our work, our families, and our responsibilities. We work hard, care for our loved ones, and try to build a good life. All these things are important. But sometimes, in the middle of our busy lives, we forget the One who gave us life. We may give God one hour on Sunday, but do we remember Him throughout the week? We ask Him to bless our families, but do we allow Him to guide the way we speak, forgive, and love one another? My dear friends, God does not simply want an hour of our time; He wants a place in our hearts. Jesus asks whose image is on the coin. They answer, “Caesar’s.” So Jesus tells them to give Caesar what belongs to Caesar. But whose image do we carry? The Book of Genesis tells us that we are created in the image of God. Our lives are a gift from Him, and we are called to give ourselves back to Him—not out of fear, but out of love. We do this in simple, everyday ways: when we forgive someone who has hurt us, show patience to an elderly parent, listen to a child, help someone in need, or choose kindness instead of anger. These are the moments when we give God what belongs to God. Perhaps today we come to church carrying worries, disappointments, or wounds that nobody else knows about. Let us remember that God does not ask us to be perfect. He simply invites us to come to Him with open hearts. So, as we leave this church, let us ask ourselves one question: “Lord, I have given You my prayers, but have I given You my heart?” May we fulfill our responsibilities in this world without forgetting the One who gave us everything. And may our lives become a beautiful offering of love to God and to one another. Lord Jesus, take our hearts, guide our lives, and teach us to belong completely to You. Amen.
ESPAÑOL
Dar a Dios lo que pertenece a Dios En el Evangelio de hoy, algunas personas intentan tenderle una trampa a Jesús con una pregunta difícil sobre el pago de los impuestos al César. Jesús les responde de una manera maravillosa: «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Hoy, reflexionemos sobre una pregunta sencilla: damos tantas cosas al mundo, pero ¿hemos entregado nuestro corazón a Dios? Cada día dedicamos nuestro tiempo al trabajo, a nuestras familias y a nuestras responsabilidades. Trabajamos arduamente, cuidamos de nuestros seres queridos e intentamos construir una buena vida. Todas estas cosas son importantes. Pero, a veces, en medio de nuestras vidas tan ocupadas, nos olvidamos de Aquel que nos dio la vida. Quizás le dediquemos a Dios una hora el domingo, pero ¿nos acordamos de Él durante el resto de la semana? Le pedimos que bendiga a nuestras familias, pero ¿le permitimos guiar nuestra manera de hablar, de perdonar y de amarnos unos a otros? Mis queridos hermanos y hermanas, Dios no quiere simplemente una hora de nuestro tiempo; quiere tener un lugar en nuestros corazones. Jesús pregunta de quién es la imagen que aparece en la moneda. Ellos responden: «Del César». Entonces, Jesús les dice que den al César lo que pertenece al César. Pero ¿qué imagen llevamos nosotros? El libro del Génesis nos dice que hemos sido creados a imagen de Dios. Nuestra vida es un regalo suyo, y estamos llamados a entregarnos nuevamente a Él, no por miedo, sino por amor. Lo hacemos de maneras sencillas en nuestra vida cotidiana: cuando perdonamos a alguien que nos ha hecho daño, tenemos paciencia con un padre o una madre de edad avanzada, escuchamos a un niño, ayudamos a alguien que lo necesita o elegimos la bondad en lugar de la ira. Es en esos momentos cuando damos a Dios lo que pertenece a Dios. Quizás hoy lleguemos a la iglesia cargando preocupaciones, decepciones o heridas que nadie más conoce. Recordemos que Dios no nos pide que seamos perfectos. Simplemente nos invita a acercarnos a Él con el corazón abierto. Por eso, al salir de esta iglesia, hagámonos una pregunta: «Señor, te he ofrecido mis oraciones, pero ¿te he entregado mi corazón?». Que podamos cumplir nuestras responsabilidades en este mundo sin olvidarnos de Aquel que nos lo ha dado todo. Y que nuestras vidas se conviertan en una hermosa ofrenda de amor a Dios y a nuestros hermanos. Señor Jesús, toma nuestros corazones, guía nuestras vidas y enséñanos a pertenecerte por completo. Amén.